burló a De Paul, se insultó con Simeone y fue la foto de la derrota


Vinicius Jr. parece ser noticia constante en el Real Madrid, ya sea en la victoria como en el fracaso. Hace unos días, brilló en el clásico contra Barcelona marcando un hat-trick y dejando en crisis al conjunto dirigido por Xavi Hernández. Ahora, pasó de burlón a burlado frente al otro rival en España, el Atlético de Madrid.

Tras la conquista de la Supercopa en la que fue héroe, el brasileño tuvo una prueba de fuego en el derbi del Metropolitano, que vivió en efervescencia continua. Al colchonero ya lo había eliminado en las semifinales de esa competencia. Ahora tocaba la Copa del Rey, en la fase de octavos de final y con eliminación directa, y se dio otro partidazo pero esta vez festejaron los de Diego Simeone, imponiéndose 4-2 en el alargue tras empatar 2-2 en los 90.

Vini, tal como le dicen cariñosamente al ex Flamengo, se la pasó en el foco del conflicto casi todo el choque: amonestado por protestar, con discusiones con rivales, con el Cholo y la tribuna del conjunto local.

Brillante en acciones del juego, siempre desequilibrante, fino en el uno contra uno, liderando siempre al Real Madrid cuando más se lo necesitó, cada vez que estuvo detrás en el marcador.

«Soy muy bueno, madre mía…», dijo Vini tras este taco que pudo ser un golazo. Foto: EFE / Juanjo Martín.

Incansable en la búsqueda del gol que se le resiste en el derbi: gritó sólo uno en trece disputados, y lo marcó hace un año en otra prórroga, ante un Atlético ya liquidado.

Amonestado por sus protestas al colegiado tras señalar a un alcanzapelotas que evitó en varias ocasiones que se sacase del costado con rapidez, fue alimentando esa parte de su personalidad que recientemente admitió que estudia en su casa viendo repetidos los partidos para tratar de corregir.

Los jugadores del Atlético de Madrid, el Cholo y cada uno de los aficionados del Metropolitano sabían de la importancia de Vinícius: fue evidente el ambiente en su contra, que en este caso se basó solamente en cuestiones futbolísticas, sin tintes racistas y es digno de destacar.

La provocación fue de ida y vuelta porque Vinícius entró al juego y realizó innumerables gestos. Son una motivación particular hacia sí mismo pero también se interpretan como provocación por los rivales y la grada. La tarjeta amarilla no le frenó. Celebró tanto el gol del empate sobre el final del primer tiempo, tras un fallo de Jan Oblak, que muchos pensaron que el tanto era suyo.

En un momento se lo vio picante con Rodrigo De Paul, diciéndose cosas entre risas y chicanas futboleras: Vini se señala el escudo y le dice «Yo juego para el Real Madrid».

Cuando se levantaba la camiseta en un saque de esquina, toda la platea le recriminaba. Cuando alzaba los brazos hacia la zona reducida donde había decenas de madriditas, el fondo sur del Metropolitano lo consideraba una provocación. Cuando celebró el segundo gol que mandaba el partido al alargue, con un pelotazo a la tribuna, el Cholo pidió su expulsión. Y cada vez que lo enfocaba la cámara se le ocurría sacar la lengua.

Tras el 2-2, su celebración hizo que Simeone abandoara su zona y fuese a hablarle al oído, palabras que Vini respondía. El técnico luego se lo explicó a Kroos, y en la conferencia posterior aclaró que eran cosas que quedaban en la cancha.

Otro video muestra al brasileño marcando el número 7 de su camiseta con los dedos y señalando el terreno de juego, como diciendo que él era quien dominaba allí, acción que Simeone le reprocha a la distancia imitando el gesto y gritándole: «Siete, la concha de tu hermana…», insulto que le costó la tarjeta amarilla del árbitro.

Sufrió numerosas infracciones Vinícius, con las que fue frenado cuando los rivales no llegaban a tiempo. El brasileño no habló pero sí su entrenador Ancelotti, que lo cuida como a un hijo: «Ha sido un partido muy disputado, donde ha tenido muchos duelos, a veces no eres siempre capaz de tener la cabeza fría en algunos momentos de los partidos y es bastante entendible», lo justificó.

Otra de las imagenes que regaló Vini en su caliente partido se dio sobre ese final dramático y vertiginoso que terminó decidiéndose por el gol de Antoine Griezmann. Un rato antes, el brasileño intentó hacer un golazo de taco y tras la atajada de Oblak eligió tomarse la cabeza y decir al aire «Soy muy bueno, madre mía…».

El karma en el fútbol suele ser una constante y poco después se dio esa genial jugada del crack francés, robando la pelota y escapando a la marca de Vini para sentenciar la eliminación del Madrid.

Con información de Agencias



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