«Cierren las puertas y quien tenga un arma que se arme»


El ingeniero y su familia se acurrucaron asustados en la habitación de seguridad, a oscuras salvo por una luz roja a control remoto, porque temían que los hombres armados que estaban al otro lado de la puerta notaran cualquier otra cosa más brillante.

Eyal Barad acababa de reconfigurar una cámara de tránsito casera en su celular para vigilar el ataque de Hamas que se desarrollaba en el kibutz de Nir Oz. Pero su hija autista de 6 años -escondida en la habitación con él, su madre y sus dos hermanos- no podía entender que sus vidas dependían del silencio. Su llanto se estaba convirtiendo casi en gritos.

Barad rodeó a la niña con los brazos, le tapó la boca con fuerza y miró a su mujer por encima de la cabeza. Su pregunta, susurrada y agónica: ¿Debía cortarle el flujo de aire lo suficiente para dejarla inconsciente para mantener a todos con vida?

Pero no podía arriesgarse a matarla. Resolvió: «Todos morimos o todos sobrevivimos».

Eyal Barad hace una pausa en la habitación de seguridad donde se refugió con su familia el 7 de octubre. Foto: APEyal Barad hace una pausa en la habitación de seguridad donde se refugió con su familia el 7 de octubre. Foto: AP

Transcurridas ocho semanas de la guerra entre Israel y Gaza, la reciente liberación de decenas de rehenes israelíes -y de otros tantos que siguen en cautiverio- centra la atención en lo que hizo Hamas el 7 de octubre, el día en que sus combatientes los capturaron en comunidades del sur de Israel.

¿Cuál fue la estrategia de Hamas con los rehenes?

El kibutz de Nir Oz es quizá el mejor lugar para comprender la estrategia de Hamas con los rehenes, una operación sin precedentes tanto por su magnitud como por su ejecución.

Para los israelíes, Nir Oz se destaca como la encarnación de la vulnerabilidad de su país aquel día, con la ausencia de soldados israelíes, la captura de civiles desprotegidos, su muerte y desaparición en Gaza y su posterior intercambio por palestinos.

Más de 100 militantes palestinos abandonaron Nir Oz con unos 80 de sus aproximadamente 400 habitantes. Esto significa que los habitantes del kibutz constituían un tercio de los 240 rehenes capturados en total y casi la mitad de los israelíes liberados, y se cree que más de 30 siguen en Gaza.

Unos 20 residentes de Nir Oz fueron asesinados el 7 de octubre, y han empezado a llegar noticias de la muerte de algunos de ellos en Gaza.

Las edades de los secuestrados en el kibutz oscilaban entre los 9 meses y los 85 años. Todos eran civiles y más de la mitad mujeres y niños. Los 13 rehenes israelíes liberados en el primer intercambio, el 24 de noviembre, eran de Nir Oz y compraron la libertad de 39 prisioneros palestinos de Israel.

Una revisión de cientos de mensajes entre habitantes de Nir Oz compartidos en exclusiva con The Associated Press, entrevistas directas con 17 y relatos de muchos más, grabaciones de cámaras de seguridad y los propios manuales de instrucciones de Hamas, indican que el grupo planeó con mucha antelación atentar contra civiles. Cuatro expertos en situaciones con rehenes coincidieron en que las acciones de Hamas, tanto el día del atentado como después, revelaban un plan para apresar civiles a fin de prepararse para la guerra que se avecinaba.

Una soldado camina por la sala de correo del kibutz Nir Oz, donde los buzones están etiquetados según la condición de los residentes - muertos, capturados o recuperados. Foto: APUna soldado camina por la sala de correo del kibutz Nir Oz, donde los buzones están etiquetados según la condición de los residentes – muertos, capturados o recuperados. Foto: AP

Danielle Gilbert, politóloga de la Universidad del Noroeste que investiga la toma de rehenes, dijo que Hamas y otros grupos armados suelen utilizar a los rehenes como escudos humanos o como moneda de cambio para negociar un intercambio. Pero la diferencia en este caso es que la mayoría de los grupos armados secuestran a hombres adultos sanos.

«Es muy raro que los grupos armados secuestren a niños, mujeres, ancianos o personas vulnerables«, explicó. «El secuestrador tiene que asegurarse de que su rehén pueda sobrevivir al cautiverio».

Gilbert teme que Hamas vea la estrategia como relativamente exitosa, al menos a corto plazo, y potencialmente digna de repetirse.

- Palestinos transportan a una civil israelí capturada, Adina Moshe, desde su casa en el kibutz Nir Oz a la Franja de Gaza el 7 de octubre. Foto: AP– Palestinos transportan a una civil israelí capturada, Adina Moshe, desde su casa en el kibutz Nir Oz a la Franja de Gaza el 7 de octubre. Foto: AP

«Por mucho que odie decirlo», añadió, «la toma de rehenes funciona».

Hamas ha insinuado que capturaría rehenes, pero ha sido vago en declaraciones públicas sobre si planeaba secuestrar a un máximo de civiles.

«El colosal desplome del ejército israelí»

«Nos sorprendió el colosal desplome (del ejército israelí). Planeábamos y esperábamos ganar; entrar en los asentamientos y lograr lo que queríamos y tomar rehenes. Pero ese ejército era un tigre de papel«, declaró Ali Barakeh, funcionario de Hamas en Beirut, a The Associated Press el 9 de octubre.

La intención deliberada también se expone en un manual titulado «Cómo tomar cautivos», que el ejército israelí dijo haber encontrado entre los militantes de Hamas muertos en otro kibutz atacado el 7 de octubre: «Separar y aislar (a mujeres y niños/hombres). Matar a los difíciles y a los que supongan una amenaza».

Somos oficialmente rehenes

El ataque de Hamas a Nir Oz comenzó poco después de las 6:30 de la mañana y duró nueve largas horas.

La primera noticia de que pasaba algo malo llegó a las 6:35 a.m. en la aplicación de chat del kibutz: «Se han producido fuertes disparos contra las comunidades del consejo y otras comunidades de todo el país. Permanezcan en espacios protegidos o lo más protegidos que haya hasta nuevo aviso».

Un farol ilumina un tramo de la valla que Hamas rompió el 7 de octubre cuando mató o capturó a una cuarta parte de los residentes del kibutz Nir Oz. Foto: APUn farol ilumina un tramo de la valla que Hamas rompió el 7 de octubre cuando mató o capturó a una cuarta parte de los residentes del kibutz Nir Oz. Foto: AP

A continuación, dos autos pasaron por delante de las cámaras de seguridad de Nir Oz y entraron en el kibutz, seguidos por cinco hombres armados, uno de los cuales disparó una ráfaga contra el puesto de guardia vacío, según las imágenes vistas por AP. La hora de la grabación es las 6:49 de la mañana.

Sagui Dekel-Chen estaba trabajando en el taller mecánico del kibutz cuando vio a los intrusos armados y subió a un techo para ver mejor. Su mensaje de voz al grupo de WhatsApp de la comunidad fue tenso: «Creo que hay disparos dentro del kibutz. Todo el mundo: cierren las puertas y quien tenga un arma que se arme».

Dekel-Chen, israelí-estadounidense, corrió a casa, ayudó a su mujer embarazada y a sus dos hijas a entrar en la habitación de seguridad y trabó la puerta para que no pudiera abrirse desde fuera. Luego, este padre de 35 años pidió prestada una pistola y se preparó para defender el kibutz con el resto de los voluntarios de seguridad de la comunidad, según su padre, Jonathan Dekel-Chen.

Una cinta amarilla por los rehenes tomados por Hamas atada a un poste en el kibutz Nir Oz. Foto: APUna cinta amarilla por los rehenes tomados por Hamas atada a un poste en el kibutz Nir Oz. Foto: AP

Para entonces, casi todo el mundo estaba en las habitaciones de seguridad. Casi todos los hogares israelíes tienen una de esas habitaciones, diseñadas como refugios contra los cohetes de Hamas.

Pero en las comunidades cercanas a Gaza, como Nir Oz, se preparan con especial cuidado, a menudo con camas, comida, agua y baterías de repuesto, y los residentes las utilizan habitualmente. Pocas tienen cerradura.

Dentro de la habitación a oscuras con su hija adulta y su perro, Irit Lahav se mensajeaba con su hermano, que estaba en su propia habitación de seguridad en otro kibutz.

Le advirtió que buscara la forma de bloquear la puerta lo antes posible.

Irit Lahav posa frente a la casa de un vecino que fue destruida por Hamas el 7 de octubre. Foto: APIrit Lahav posa frente a la casa de un vecino que fue destruida por Hamas el 7 de octubre. Foto: AP

Lahav, diseñadora de joyas, tiene buen ojo para ver el potencial de objetos insólitos. Combinó un remo, la manguera de una aspiradora y una larga correa de cuero para bloquear la manija, tirando de la correa cada tanto si veía que se aflojaba. Veía mensajes, cada uno más temeroso que el anterior, pasar por su pantalla mientras se oían disparos afuera.

«Sigo pensando que el ejército llegará en cualquier momento», dijo.

Pasaron cuatro horas. Cinco horas.

Un periodista que acompañaba a Hamas se paró en el jardín delantero de Ada Sagi, la profesora de árabe del kibutz, y relataba emocionado mientras hombres armados corrían a su alrededor. Le siguió un reguero de hombres, mujeres y niños palestinos, según videos de Hamas y testigos. Muchos palestinos de Gaza consideran que los kibbutzim son asentamientos ilegales en tierras de las que sus familias huyeron o de las que fueron expulsadas durante la guerra de 1948 que rodeó la creación de Israel.

«Tras una hora o más de caminata, pudimos entrar en un kibbutz; el kibbutz más importante de la ocupación», dijo el periodista, según el video de gran difusión en sitios de noticias palestinos. «Esta es una escena del corazón del asentamiento».

Los hombres que dispararon contra el puesto de guardia fueron los primeros de unos siete grupos de combatientes armados. En total, el ejército israelí y los residentes del kibutz calculan que hasta 150 hombres llegaron en autos y camionetas casi simultáneamente desde distintas direcciones, armados hasta los dientes. Los mensajes iban y venían en el chat del kibutz y en los grupos de WhatsApp de varios residentes.

9:16 a.m. «¿Cómo se cierra la habitación de seguridad?????»

10:15 a.m. «Somos oficialmente rehenes».

10:19 a.m. «Amenazan con volar la casa si no abrimos».

Una a una, las personas fueron desapareciendo del flujo de mensajes. Algunas aparecerían más tarde en videos de Hamas.

Un cartel pidiendo la liberación de Chana Katzir pegado en la puerta de su casa del kibutz Nir Oz. Foto: APUn cartel pidiendo la liberación de Chana Katzir pegado en la puerta de su casa del kibutz Nir Oz. Foto: AP

Una madre aterrorizada abraza a sus dos hijos pequeños pelirrojos mientras se los llevan envueltos en una manta, con los ojos desorbitados por el miedo. Un niño es arrastrado por las axilas. Una anciana es puesta de pie tras caerse de una moto.

La calidad de las imágenes de la cámara de tránsito de Barad es granulosa porque en un principio sólo estaba pensada para captar vehículos a gran velocidad. Una camioneta blanca se detuvo frente a su casa y unos hombres armados saltaron de ella y salieron de la pantalla. Durante una media hora, la pantalla se llenó con el movimiento de motos, bicicletas, maquinaria agrícola robada y hombres armados.

Entonces apareció un atacante por la izquierda, tirando con firmeza de las manos de un hombre desarmado claramente reticente. Unos minutos después, pasó una moto en la que viajaban tres personas. Una gorra cubría el rostro de la persona atrapada en medio, mucho más pequeña que las otras dos.

Desde la casa de enfrente, un hombre armado se colocó cerca de la ventana de seguridad cerrada. Un segundo hombre abrió de un tirón la persiana metálica y sacó a una mujer. Le cubrieron la cara y la cabeza con un paño blanco.

Barad grabó las imágenes de los combatientes mientras se la llevaban porque era lo único que podía hacer. Evocó la escena en su cabeza durante semanas.

«Parecía muy ensayado», dijo Barad. «Parecía que ése era el plan».

No me lleves, soy demasiado chico

Mientras la habitación de seguridad de la familia Barad se llenaba de humo, dos hermanos adolescentes enviaban mensajes frenéticos a su madre en un kibutz cercano. Amanecía después de una salida nocturna poco habitual para Renana Gome Yaacov, que confiaba en que su hijo de 16 años fuera responsable de su hermano de 12 años.

foto facilitada por el ejército israelí muestra al rehén israelí liberado Yagil Yaakov, de 12 años. Foto: APfoto facilitada por el ejército israelí muestra al rehén israelí liberado Yagil Yaakov, de 12 años. Foto: AP

Su ex marido y su novia vivían a unos cientos de metros, razonó, así que los chicos podrían recibir ayuda en caso de emergencia. Entonces sonaron las alarmas en toda la zona.

Sobre las 8.10 de la mañana, uno de los chicos llamó susurrando: los hombres armados estaban dentro de la casa. Unos minutos después, otra llamada: habían disparado a su padre.

Todavía a través de la línea telefónica abierta, oyó que la puerta de la habitación de seguridad se abría de golpe, con voces gritando en árabe, que no entendía. Su hijo menor intentó razonar con los hombres.

«Lo oí decirles: No me lleven. Soy demasiado chico«, recuerda. Entonces la comunicación se cortó.

Orificios de bala en la puerta del comedor comunal del kibutz Nir Oz. Foto: AP Orificios de bala en la puerta del comedor comunal del kibutz Nir Oz. Foto: AP

Yaacov era tristemente consciente de que, en un sentido cruel, había tenido suerte.

«Algunas personas probablemente nunca sabrán lo que les ocurrió a sus seres queridos», dijo, reflexionando sobre la conversación escuchada. «Yo lo oí en directo».

Siguieron más mensajes entre residentes.

12:07: «Tengo una herida de bala en la pierna. Una bala atravesó la puerta»

12:09 p.m. «Presioná un paño lo más fuerte que puedas sobre la herida. Atalo»

12:37 p.m. «¿Hay alguna posibilidad de que ellos estén dentro de la casa mientras arde? No sé si debo retirar la mano»

12:38 p.m. «NO retires la mano. Sólo cambiá de mano cada tanto.

Todavía no hay soldados israelíes.

Un video de Hamas grabado con la luz de media tarde muestra una procesión relativamente ordenada de autos, motos y maquinaria agrícola robados que avanzan a través de los campos de regreso a Gaza. Llevaban con ellos a uno de cada cinco habitantes de Nir Oz.

Batsheva Yaalomi fue capturada junto con su marido y sus tres hijos. Los separaron y a ella la subieron a una moto con su hija de 10 años y el bebé. En algún momento, consiguieron huir a los campos. Ella sujetó con fuerza al bebé y se arrastraron por los surcos hasta que cayó la noche y escaparon.

Finalmente, hacia las 15.30 horas, llegaron los soldados israelíes. Todos los combatientes de Hamas ya habían abandonado Nir Oz. Los soldados tardaron horas más en confirmar que ninguna de las casas tenía trampas explosivas y en escoltar a los residentes desde las habitaciones de seguridad.

 Los palestinos transportan a su rehén, Yaffa Adar, una bisabuela israelí de 85 años y sobreviviente del Holocausto, desde su casa en el kibutz Nir Oz. Foto: AP Los palestinos transportan a su rehén, Yaffa Adar, una bisabuela israelí de 85 años y sobreviviente del Holocausto, desde su casa en el kibutz Nir Oz. Foto: AP

El hijo de Yaalomi, Eitan, de 12 años, fue uno de los liberados durante la reciente tregua, al igual que los dos hijos de Yaacov. También fueron liberados Ada Sagi, la maestra cuyo jardín delantero aparece en el video palestino, y Yafa Adar, la abuela de 85 años que fue uno de los primeros rehenes liberados por Hamas.

Pero los padres de Eitan y de los hermanos Yaacov siguen entre los desaparecidos, al igual que Sagui Dekel-Chen, que dio la primera voz de alarma.

 Eitan Yahalomi, de 12 años, a su llegada al Centro Médico Sourasky de Tel Aviv. Foto: AP Eitan Yahalomi, de 12 años, a su llegada al Centro Médico Sourasky de Tel Aviv. Foto: AP

Los dos rehenes más jóvenes, los pelirrojos de Nir Oz -un niño de 4 años y su hermano de 10 meses- también siguen desaparecidos, junto con su madre. Hamas ha dicho que han muerto.

Jonathan Dekel-Chen, padre de Sagui e historiador de profesión, ha recopilado metódicamente relatos de toda la comunidad para reconstruir lo sucedido. El ejército israelí ha declarado que no se ha encontrado a ningún militante de Hamas muerto.

«No fue un intento de conquistar territorio», dijo Dekel-Chen. «No fue un intento de liberación de ningún tipo. Esta misión o masacre estuvo sumamente bien organizada: debió de llevar meses, si no años, y costó una fortuna«.

Hamas entró en el kibutz conociendo la preocupación histórica del judaísmo por los rehenes, dijo Étienne Dignat, experto francés en situaciones internacionales con rehenes. El Talmud, un conjunto de comentarios sobre la Torá, aprueba específicamente el rescate de rehenes como responsabilidad comunitaria, y muchos eruditos antiguos consideraban que ser rehén era un destino peor que la muerte. Pero los eruditos advertían que no se debía pagar un precio demasiado alto para evitar poner en peligro a los judíos en el futuro.

«Sabían que iban a tener la oportunidad de entrar en los kibbutzim, lo que nunca había ocurrido antes», dijo Dignat. «Y obviamente, después, conocían la especial sensibilidad israelí respecto del destino de las mujeres y los niños«.

En total, Israel liberó a 240 mujeres y adolescentes palestinos prisioneros durante la tregua, mientras que los militantes palestinos liberaron a 105 rehenes: 81 israelíes y 24 extranjeros.

Israel tiene un largo historial de intercambios desiguales. El secuestro por Hamas en 2006 de un joven recluta, Gilad Shalit, obsesionó a la sociedad israelí durante cinco años, y el primer ministro Benjamin Netanyahu ordenó finalmente la liberación de más de 1.000 prisioneros palestinos a cambio de su libertad. El propio hermano de Netanyahu, Yonatan, dirigió un comando de élite que rescató con éxito a 98 rehenes de un secuestro aéreo en Entebbe (Uganda) en 1976. Yonatan Netanyahu y cuatro rehenes murieron.

Uno de los primeros rehenes liberados, Yocheved Lifshitz, contó en conferencia de prensa que su primer destino fue una gran sala, donde estaban reunidos unos 25 cautivos. Luego la llevaron a ella y a otros cuatro de Nir Oz, entre ellos un hombre herido, a otra sala. A los pocos días -y como otra señal de su importancia- el líder de Hamas, Yahya Sinwar, se reunió con los rehenes de Nir Oz, según declaró posteriormente a los medios de comunicación israelíes. Un médico acudía cada pocos días para ver cómo estaban y cuidar del hombre herido.

Yocheved Lifshitz, de 85 años, en el centro, que fue liberada tras permanecer secuestrada por Hamas. Foto: APYocheved Lifshitz, de 85 años, en el centro, que fue liberada tras permanecer secuestrada por Hamas. Foto: AP

Cuando fue liberada, Lifshitz estrechó la mano del captor que la entregó. ¿Por qué?

«Fueron amables con nosotros. Cubrieron nuestras necesidades», respondió. «Se prepararon para esto. Se prepararon durante mucho tiempo».

Fuente: The Associated Press

Traducción: Elisa Carnelli

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