El «no» de los catalanes a la ley de amnistía y la fragilidad de Pedro Sánchez


Insaciables, los independentistas catalanes más radicales acaban de dejar caer la aprobación de la ley de amnistía que exigieron a Pedro Sánchez y que sólo les interesaba a ellos. Quieren más.

La proposición de ley volverá entonces al casillero del que salió -la Comisión de Justicia-, que será la trinchera desde la que los de Junts -el partido del ex presidente catalán Carles Puigdemont- seguirán batallando para obtener lo más posible del PSOE de Sánchez, que este martes abandonó la votación en el Parlamento políticamente malherido.

La foto de familia que Pedro Sánchez forzó para su reelección refleja ocho partidos que lo apoyaron a cambio de concesiones que, por lo visto hasta ahora, irán desangrando su legislatura.

El costo político de pactar, sobre todo con independentistas catalanes y vascos, corroe los tobillos de su gestión, criticada por la oposición y también puertas adentro de su partido, donde voces como la del ex presidente Felipe González o el actual presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, no callan su descontento.

Porque donde Sánchez ve normalización y convivencia con los separatistas catalanes porque, según él mismo dice, cree que de este modo los está sumando a la gobernabilidad de España, el nacionalismo olfatea la oportunidad de seguir allanando el camino para su proyecto: la independencia de Cataluña.

Miriam Nogueras (derecha), de Junts per Catalunya, la fuerza que dejó caer la ley de amnistía. Foto AFP

Y no lo ocultan: por ahora, es la amnistía para todos. Más adelante será un referéndum de autodeterminación.

Desde que se propuso formar gobierno a toda costa, Sánchez ya soportó, entre otras penurias, una media docena de manifestaciones multitudinarias organizadas por el Partido Popular y, durante semanas, protestas nocturnas diarias -matizadas con degradé de violencia- en la puerta de la sede central del Partido Socialista, sobre la calle Ferraz de Madrid.

Recibe cascotazos de los separatistas, voraces por hacer cumplir hasta las comas de lo pactado con el jefe del gobierno, de magistrados y jueces, que no están dispuestos a dar la causa de la amnistía por perdida, y de los sectores más conservadores, para los que Sánchez está rifando el Estado de derecho en España.

Cada vez cuesta más disimular la vulnerabilidad de este gobierno, el segundo de coalición y el tercero con Pedro Sánchez en el Palacio de la Moncloa. Habrá que ver hasta dónde cederá al “te amo, te odio, dame más” que los catalanes independentistas le cantarán como Seru Girán en los ’80.



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