El secreto del éxito de Patricia Sosa, entre el rock, la balada, la televisión y la actuación


En la década del ’80, Patricia Sosa (67) fue la primera cantante de rock & roll que lideró una banda en Argentina, llenando estadios e incluso recorriendo con éxito la Rusia comunista en una gran gira.

Sin embargo, de manera abrupta, ese proyecto que la tuvo bien al frente de un escenario, vestida con polleras cortas de cuero negro y medias de red, concluyó por completo.

Los aires de cambio llegaron a principio de los años ’90, a través de un proyecto solista vinculado a la balada pop, con lo que consiguió posicionarse desde otro espacio en el ámbito musical a nivel local.




Patricia Sosa, en un gran momento de su carrera, ahora rumbo a un show orquestal en el Luna Park. Foto: Ariel Grinberg

Ese cimbronazo retundo y visceral no fue gratuito, pues trajo aparejado el enojo empedernido de sus simpatizantes rockeros, a punto tal que fueron hasta la puerta de su casa a romper con bronca los discos de vinilo de La Torre, la banda que supo liderar, como para dejar bien el claro un divorcio con ella, quien fue durante años el mayor ícono femenino dentro de la escena del rock nacional.

Siempre sin mirar atrás

Pese a eso, Patricia continuó su camino sin mirar atrás, aunque nunca se olvidó de las canciones de su etapa anterior: siempre estuvieron presentes entre su nuevo repertorio.

Patricia Sosa en vivo en 2019 en Espacio Clarín, en Mar del Plata. Foto: Cristian Fuertes.


Patricia Sosa en vivo en 2019 en Espacio Clarín, en Mar del Plata. Foto: Cristian Fuertes.

Pasaron numerosos discos, papeles actorales tanto en tiras televisivas como en teatros, fue jurado en certámenes de canto, lució su voz frente al Papa Francisco en 2014 y, como si fuera poco, cantó frente a miles de personas delante de las pirámides egipcias el año pasado.

Luego de tantos momentos destacados en su larga trayectoria y tras llenar este año dos teatros Opera, ahora es el turno del estadio Luna Park, el próximo 11 de agosto.

Un lunes en Ciudad de Buenos Aires. Patricia cita a Clarín en el estudio de Oscar Mediavilla (68), su pareja desde muy joven, que a su vez dejó de serlo durante tres años y después volvieron a serlo.

“En cierto momento nos matábamos, así que por eso nos separamos. Sin darme cuenta, pasaron tres años. Hasta que yo, luchando con mi ego a través de la meditación, levanté el teléfono y le dije que lo extrañaba”, se sincera la autora cuando recuerda aquel tiempo de dificultades amorosas.

El regreso de la pareja trajo consigo la decisión de vivir en casas separadas. Respecto a esto, ella suma un detalle de hace unos pocos días.

Patricia Sosa y Oscar Mediavilla, casados, separados y actualmente de novios.


Patricia Sosa y Oscar Mediavilla, casados, separados y actualmente de novios.

“Yo vivo en mi casa y Oscar se hizo un departamento aquí arriba de su estudio. El otro fin de semana tuvimos una fiesta y como era muy tarde, me quedé a dormir aquí. Oscar estaba feliz. Me agasajó con un desayuno. Estoy convencida que la distancia es erótica”, recalca con una sonrisa pícara.

Y continúa: “Cuando estábamos separados, una vez le preguntaron a mi hija sobre el estado civil de sus padres. Ella respondió: ‘No sé. Pero se fueron de vacaciones como novios’”.

Respecto a Marta (35), la hija de los Mediavilla–Sosa, la artista destaca algo importante que pactó la pareja desde que ella era tan solo una niña.

“Debo decirte que Oscar siempre fue un excelente padre. Por ejemplo, a Marta le firmamos una emancipación cuando tenía siete años. Lo hicimos para poder viajar y no necesitar firmar permisos cuando de giras se trataba”.

Una larga gira por la Unión Soviética

Dentro de esos viajes por trabajo en los que llevaron a su hija a cuesta, existió uno especial que entabló con La Torre por la ex Unión Soviética.

La Torre, el exitoso grupo donde cantó Patricia Sosa en los años '80.


La Torre, el exitoso grupo donde cantó Patricia Sosa en los años ’80.

Aquella fue la primera vez que un grupo de rock argentino pisaba suelo ruso y la tuvo a ella como gran protagonista sobre tablas.

El enlace para ese viaje lo había generado Manuel Wirzt, quien por aquellos años además de cantar oficiaba de mimo en espectáculos y mantenía un vínculo cercano con Patricia y su banda.

“La señora Nelly de la productora Daefa, quienes solían traer al Circo de Bolshoi, le demandó algo a Manuel: ‘Llegó uno de los rusos un día antes del espectáculo, por favor necesito que lo entretengas’”, le pidió.

Justo esa misma noche La Torre tocaba en el Estadio Obras y a Wirtz se le ocurrió llevarlo al concierto de Patricia y su troupe metalera.

“‘¿Rock en español?’, le preguntó el ruso. Vinieron al recital y el hombre quedó tan fascinado con la banda que decidió llevarnos a tocar a Rusia. Fue algo maravilloso e increíble, siempre le estamos agradecidos a Manuel”, detalla.

Luego toma aire, respira y prosigue su feliz recuerdo: “Nunca olvido que mi hija cumplió cinco meses de vida en un lujoso tren yendo a Leningrado. Prendimos una galletita tipo las pepas de acá con un fósforo para festejarlo. “¡Y de golpe pararon el tren porque tenía detector de fuego!”, se ríe.

Patricia Sosa volvió a reunir a integrantes de La Torre en 2012, pero luego siguió como solista.


Patricia Sosa volvió a reunir a integrantes de La Torre en 2012, pero luego siguió como solista.

De aquella gira rockera de película, la cantante atesora otros tantos momentos imborrables, pero elije narrar tan solo algunos que fueron los que la impresionaron.

“No había vidrieras. Entrabas a los lugares sin saber de qué se trataban. Había solo tintura para rubia y para morocha. Se encargaba por la mañana la comida que se retiraba de noche por el restaurant. Recién había llegado la Pepsi, que solo se podía tomar de noche; no te vendía de tarde ni de mañana”.

Esa gira soviética con la Torre fue inmensa y, según revela Sosa, llegaron a tocar para 290 mil espectadores en total.

“Allí todos trabajaban para el Estado. Te pedían ‘extra money’, algo así como una cometa. Al mediodía, un colectivo nos llevaba hasta el estadio. Lo más impresionante fue haber tocado en el Dínamo de Moscú, que estaba repleto. ¡Estuvo tan bueno! También llevé a mis padres y la pasamos bárbaro”, devela.

Sus comienzos

Desde que se lanzó por completo a la música, Patricia contó con un plus a su favor, más allá del talento indiscutido que tenía desde jovencita.

“Papá trabajaba de gerente de ventas en la Rock & Pop y viajaba bastante seguido con Daniel Grinbank. Y por el lado de mamá, que era cosmetóloga, a su vez cantaba con la familia, por el lado de ella se acentuaba el folklore”, afirma.

La Torre, en los años '80, con Beto Topini, Oscar Mediavilla, Patricia Sosa, Gady Pampillón y Fernando Lupano.





la torre


La Torre, en los años ’80, con Beto Topini, Oscar Mediavilla, Patricia Sosa, Gady Pampillón y Fernando Lupano.
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Sin embargo, el rock llegó a su vida ya desde la época de la secundaria y se profundizó en los siguientes años.

“Me gustaba David Coverdale de Whitesnake. ¡Estaba enamorada de él! Pasando los años, cuando vino a la Argentina, le pedí a Grinbank que quería conocerlo. Me empecé a maquillar desde temprano por si salía el encuentro en un bar, pero al final no salió, solo pude verlo desde un costado del escenario, pero me llevé una desilusión por lo mal que cantó”, evoca con visible fastidio.

En paralelo a la música, la cantante crecida en Barracas estudió Arquitectura, aunque nunca finalizó la carrera universitaria.

“Mis viejos querían que estudiara. Colgué Arquitectura cuando me faltaban tan solo cinco materias. También soy profesora de inglés, pero lo mío era cantar; de eso estaba segura”, asevera.

Y sigue: “A ver, yo vivía en Barracas, pero cuando llegué a Valentín Alsina conocí otro mundo, el del conurbano. Alsina era muy rockera, era el barrio de Sandro y eso se respiraba en la panadería, en los bares y esquinas. Íbamos al bar El Mundial, que la atendía Emilio, un mozo español. Ahí escribí un montón de canciones”, rememora con una sonrisa a flor de piel.

El cambio del rock a la balada

De golpe porrazo, ella se encargó de disipar todo ese vértigo musical junto a Oscar Mediavilla a raíz de una situación bisagra que ocultaba cuando aún oficiaba de rockera con cueros negros arriba de los escenarios.

“En 1984, cuando estudiaba canto, se agrandó mi voz. ‘Ruge el cañón, suena mi voz’, reza una letra de La Torre. En casa empecé luego a escuchar a Luis Miguel con el walkman y los auriculares. Al principio no quería que nadie lo sepa”, detalla con picardía.

Oscar Mediavilla y Patricia Sosa, una historia de amor que sigue viva. Foto: Andrés Delía.


Oscar Mediavilla y Patricia Sosa, una historia de amor que sigue viva. Foto: Andrés Delía.

Según cuenta Sosa, con el correr de los años compuso otras canciones que no podía llevar adelante con la banda de rock, “pero así y todo varias de mi primer disco solista tranquilamente podrían haber sido de La Torre, como por ejemplo Corazón herido”, considera.

Tras la desilusión de su banda de rock duro, ella ya sabía para dónde iba a rumbear musicalmente, pese al enojo de sus seguidores.

“Cuando dejé el metal, me escribieron la pared de la casa con aerosol. ‘Traidora’, me pusieron. Además, en la vereda había un montón de vinilos de La Torre rotos y esparcidos. ¿Cómo hacerles entender que había tocado un techo?”, relata con una mueca de fastidio.

Sin embargo, la vocalista dice que con el correr del tiempo muchos de aquellos que estuvieron enojados porque se alejó del rock, de a poco se amigaron con ella. Según su análisis, cuenta con pruebas fehacientes para enumerar.

“En mis discos solistas siempre hubo rock, pasa que se transformaron en hit las baladas. Una vez recibí un mensaje que decía así. ‘Fui al Quilmes Rock y al Cosquín y no te encontré. Entonces decidí escuchar tus baladas’”.

Pero allí no quedó todo y Patricia especifica algo aún más llamativo.

“Cuando fui a un Motoencuentro en Villa Diamante, preparé un repertorio más rockero; no pensaba cantar Endulzame los oídos. Al final terminé cantando varios lentos porque el público estaba con lo encendedores prendidos y hasta me dieron una distinción”.

Experiencias visuales y de fe

Pese a que remarca que al principio le costó conseguir contrato discográfico para su nueva etapa solista, distingue un aspecto de creencia que ayudó a que todo se acomode rápido, tanto en lo personal como en lo laboral.

Patricia Sosa en el estudio de Mediavilla. Foto: Ariel Grinberg.


Patricia Sosa en el estudio de Mediavilla. Foto: Ariel Grinberg.

“Una vez viajé a Córdoba y allí me hice un grupo de meditación. Una señora de nombre Lina Castro me citó cerca de Terrones. Entre cien personas, nombró a cinco y yo era una. Por primera vez presencié un avistaje de luces entre el cielo y la tierra. Creo en eso. Nos cuidan”.

Según relata, el impacto de ver luces de naves del más allá se transformó en moneda corriente, ya sea en las Sierras como en el jardín de su casa.

Patricia profundiza en el tema: “Después de la primera vez, regresé a ver a la mujer. Y a las doce de la noche, escalamos la montaña. De pronto vimos una luz de una nave, después la vimos en el horizonte, arriba de las copas de los árboles. Hubo luces que nos seguían hasta la cima y luego estaban sobre el Cerro Uritorco”.

Esas experiencias visuales y de fe no tardaron en transformarse en canción, pues la letra de Luces hace eco de ello: “Hay luces que se apagan, hay luces que se encienden, que iluminan a la gente y te cuentan la verdad”.

En consonancia con lo místico, Patricia de inmediato se refiere a otras dos circunstancias que para ella no fueron casuales.

La primera tiene que ver con la vez que cantó en el Vaticano. Y la segunda, cuando lo hizo delante de las Pirámides de Egipto.

“Un momento muy luminoso fue cuando canté adentro del San Pietro, con la obra de Ariel Ramírez y Félix Luna. Fue amor profundo. Estaba el coro de la Capilla Sixtina, la plaza repleta. Ochocientos obispos que venían caminando, cinco cardenales, el Papa a medio metro. Francisco me guiñó un ojo, me temblaba el plexo”.

¿Cómo mató los nervios? “Como se me hizo un nudo en la garganta, entré en estado de meditación. Tomé aire y me solté. Sentí que estaba siendo asistida. Cuando terminé de cantar, el Papa se acercó y me puse a llorar”, cuenta con emoción. La misma que tuvo en el verano de 2022 al cantar en Egipto.

“Tuve que enviar mi currículum con todo lo que hice en mi vida y me aceptaron para hacer un recital. Canté un mantra de un minuto para que todos vibraran. Había gente de todo el mundo. Miré las pirámides y le dije a Oscar: ‘Algo bueno habré hecho’”.

Jurado en la TV

Tras una larga trayectoria como cantante, a Patricia se le abrieron diferentes oportunidades en otros terrenos artísticos. Por ejemplo, cuando fue jurado de Canta conmigo ahora, por el trece.

Patricia Sosa junto a Marcelo Tinelli en la época de "Showmatch 2017", aquí con Sandra Mihanovich y Lucia Galán.


Patricia Sosa junto a Marcelo Tinelli en la época de «Showmatch 2017», aquí con Sandra Mihanovich y Lucia Galán.

“Yo miraba los programas de talento y pensaba: ¿Cómo les van a decir que no les gustó y se acabó? Por haber estudiado tanto, quise darles herramientas a los participantes. Y así lo hice. A partir de entonces estuve en diferentes concursos”.

Debido a eso, la cantante decidió abrir su escuela de canto llamada Templo de la Voz, que queda en el barrio porteño de Colegiales.

“El verdadero cantante vocaliza para adentro, no para afuera. Hay alumnos que cantan de manera terapéutica porque el canto es sanación. La escuela se transforma en templo y en club. A veces los alumnos se reúnen a tomar mate, aunque no tengan clases”, expone con orgullo.

También actriz

Por el lado de la actuación, Patricia declara que no fue una improvisada, pues acudió a clases de teatro con muchos maestros en la década del ’90, como para ampliar sus dotes arriba de un escenario.

“Un día estaba en el programa de Mirtha Legrand y coincidí con Adrián Suar, quien apenas se acercó, me dijo: ‘Vos sos actriz’. Fue así que me convocó para Poliladron y después para la serie R.R.D.T. Sin embargo, me ganó la cantante”, asimila.

El elenco de "Perdida mente", donde actuó Patricia Sosa en2021,


El elenco de «Perdida mente», donde actuó Patricia Sosa en2021,

Luego se toma su tiempo para examinar con lupa el terreno actoral.

“Para el cine y teatro te exigen disciplina de horarios. Y yo quería salir de gira con mi banda. Hace poco, cuando estuve en la obra Perdida mente, antes de la temporada de Mar del Plata, pedí que me busquen un reemplazo porque saldría de gira”.

El sacrificio que tuvo que hacer durante algunos meses veraniegos fue descomedido.

“Terminaba la función y ya me estaba esperando un remise en la puerta del teatro. El chofer siempre me traía una almohada. Luego cantaba y el remise me traía de regreso. Era un ritmo agobiante”.

-¿En qué se diferencian los actores de los músicos?

-Muchas, a no ser por Karina K o Leonor Benedetto, que son angeladas. El resto, por un minuto de cámara puede llegar a clavarte un puñal. Los actores se fijan en otras cosas. A los músicos no nos interesa tanto si el otro músico se luce más que uno. Cuando un guitarrista se luce a mi lado, yo lo disfruto. No le agarro del todo la onda al mundo actoral.

Cantar con su hija

Acerca de la reaparición de su hija Marta sobre los escenarios como corista suya, la cantante confiesa que cuando se lo propuso la tomó por sorpresa que diga que sí.

“Hacía muchos años que no cantaba conmigo. Quizás dijo que sí porque necesitaba dinero, no lo sé, pero me agrada.” Y añade: “Ella es una intelectual, una maravilla. Se especializa en Arte Terapia y tiene una escuela de teatro recreativo. Está conduciendo en la TV Pública y ahora se lanza con el Coro Nacional de Jóvenes. La admiro muchísimo por su tenacidad”.

Patricia Sosa, su hija y Oscar Mediavilla. Foto: Movilpress


Patricia Sosa, su hija y Oscar Mediavilla. Foto: Movilpress

Sobre si es amiga de su hija, Patricia Sosa es tajante al responder: “Es muy adulto todo lo que conversamos, pero es mi hija, tengo otras responsabilidades con ella. Cuando tenés un hijo, te sale otro corazón, que es sensible y a su vez responsable”.

En relación a ella y Mediavilla, adiciona lo siguiente sobre su primogénita: “Ella es muy dada con la gente, es quien brilla, pero elige la soledad para vivir. No vive con su novio. ¡Y no sé si en eso somos responsables Oscar y yo, porque sigue nuestro ejemplo!”, bromea.

-Para finalizar, qué diferencia habrá entre el recital del Luna Park con los que ofreciste en el Teatro Opera?

-Cuando conocí a los chicos de la sinfónica AA 2000, compuesta por jovencitos de sectores vulnerable, enseguida expuse: “No quiero que sea mi sinfónica, sino yo su cantante. Estuvo buenísimo. Respecto al show del Luna, elijo un repertorio distinto, con visuales, juego de iluminación distinto. Será una sinfonía pop rock, a la altura de la circunstancia.

MFB



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