Joe Biden convierte el discurso del Estado de la Unión en un fuerte mensaje de campaña


El ritual centenario se repitió este jueves a la noche: el Sargento de Armas hizo el anuncio a viva voz, las puertas de la Cámara de Representantes se abrieron y el presidente de los Estados Unidos apareció caminando triunfal en medio del hemiciclo entre saludos de congresistas, ministros, jueces e invitados especiales al discurso del Estado de la Unión, el mensaje que todos los años pronuncia en este ámbito el jefe de la Casa Blanca.

Una vez ante el atril, el de Joe Biden no fue un mensaje más: en plena campaña electoral, cuando su popularidad está en rojo y crecen las dudas sobre su capacidad para gobernar, el presidente de 81 años, el de más edad en la historia del país, buscó tomar la iniciativa ante la próxima elección presidencial del 5 de noviembre, cuando se enfrentará con Donald Trump, y alertó que será una cita crucial para el futuro democrático de la nación.

Biden aprovechó los millones de personas que lo miraban en el prime time televisivo y más que un presidente fue candidato: advirtió sobre los peligros que significaría un regreso del republicano al poder para los derechos de las mujeres, la política exterior, la economía y la democracia.

Con un discurso leído en un tteleprompter, que lo resguardaba de posibles confusiones o traspiés por su tartamudez, se lo vio con energía y levantando el tono para enfatizar los temas clave. No cometió errores más allá de algún tropiezo con las palabras y se lo vio afilado y cómodo en un recinto donde trabajó por décadas.

El objetivo de Biden más allá de Trump fue remarcar que todavía tiene vigor para ser presidente, que su trabajo en la Casa Blanca benefició la vida de los estadounidenses y que necesita cuatro años más para ampliar su agenda.

«No es un momento común. Nuestra democracia está en peligro, en casa y también afuera«, dijo y mencionó la guerra en Ucrania. También aludió el ataque al Capitolio: «La democracia triunfó», entonces, bramó.

Luego se enfocó en la economía que dijo estaba «al borde del abismo» cuando asumió. «Ahora, nuestra economía es la envidia del mundo», bramó.

“Llegué al cargo decidido a superar uno de los períodos más difíciles en la historia de nuestra nación. Y lo hemos hecho. No es noticia, pero en miles de ciudades y pueblos los estadounidenses están escribiendo la mayor historia de recuperación jamás contada. Así que vamos a contar esa historia aquí y ahora”, dijo Biden.

Y agregó: “La recuperación de Estados Unidos es construir un futuro de posibilidades estadounidenses, construir una economía desde el centro hacia afuera y de abajo hacia arriba, no de arriba hacia abajo, invertir en todo Estados Unidos, en todos los estadounidenses, para asegurarnos de que todos tengan una oportunidad justa y no dejemos a nadie atrás”, un mantra que domina su campaña.

Joe Biden arremetió contra Donald Trump sin nombrarlo. Foto Bloomberg

Biden hizo énfasis en su gestión económica, con un país que se recompuso de la pandemia hasta llegar a un crecimiento mucho más vigoroso de lo que se estimaba, un desempleo del 4%, una inflación que bajó en picada desde un pico 9,5% anual en julio de 2022 a una actual de 2,4%, con salarios que superaron el ritmo inflacionario. Sin embargo, los estadounidenses aún no tienen la sensación de estar mejor.

En su discurso, Biden fue más allá y propuso el incremento del mínimo impositivo de las corporaciones multinacionales al 21% y pidió a los multimillonarios que paguen al menos 25%. Es en contraste de las políticas de Trump, que propone bajar los impuestos.

Biden hizo otros anuncios en busca de impacto electoral. Dijo que ordenó al ejército estadounidense establecer un puerto en Gaza para transportar más ayuda humanitaria al territorio palestino asediado, en un momento en el que su política de apoyo a Israel enfurece al electorado musulmán y de origen árabe en Estados Unidos, y también a los jóvenes universitarios.

El presidente recibió una señal de alerta en las últimas elecciones, cuando un significativo porcentaje de demócratas –en algunos estados hasta el 19%- eligieron un voto “no comprometido” en protesta por su gestión en el conflicto entre Israel y Gaza. De hecho, un 65% de los estadounidenses no están de acuerdo con su gestión en Oriente Medio.

Biden, además, apeló al electorado femenino, un sector que es muy esquivo a votar por Trump cuando pasó parte de su discurso con el tema del aborto, que fue limitado por la Corte Suprema de Justicia conservadora, a pesar de que la mayoría de los estadounidenses está a favor de que se mantenga el derecho plasmado en 1973 en el fallo Roe vs. Wade.

“Si los estadounidenses me envían un Congreso que apoye el derecho a elegir, les prometo: restauraré Roe vs. Wade como una ley del país nuevamente”, prometió.

Biden también se metió con energía en uno de los temas más calientes de la campaña, la inmigración ilegal, y desafió a los republicanos a aprobar una ley bipartidista. «Podemos pelear por la crisis en la frontera, o arreglar el tema», dijo. «No voy a decir que los inmigrantes envenenan la sangre de EE.UU», bramó, criticando a Trump.

Luego del impulso de haber triunfado en 15 estados el Supermartes, Biden busca seguir una semana de alto perfil en momentos en que un 56% de los estadounidenses desaprueba su gestión y cuando Trump lo aventaja por dos puntos para noviembre, según promedio de encuestas de RealClearPolitics. También busca limitar las dudas sobre su capacidad mental para gobernar cuando una encuesta del New York Times/Siena reveló el domingo que un 72% de sus posibles votantes estaban «fuertemente» o «algo» de acuerdo en que Biden es demasiado viejo para otro mandato.

Bromeó incluso con su edad y su profusa carrera política de varias décadas. «Antes me decían que era muy joven, ahora que soy muy viejo», dijo. «Lo importante no es lo viejo que uno es, sino que sean viejas las ideas. No se puede gobernar con ideas antiguas», advirtió.

Más allá de la edad, Biden busca contrastarse de otra manera con Trump, que enfrenta 91 cargos en la Justicia. Sin nombrarlo, señaló: “Mi vida me ha enseñado a abrazar la libertad y la democracia. Un futuro basado en los valores fundamentales que han definido a Estados Unidos: honestidad, decencia, dignidad, igualdad. Respetar a todos. Para dar a todos una oportunidad justa. No dar lugar al odio. Ahora, algunas otras personas de mi edad ven una historia diferente: una historia estadounidense de resentimiento, venganza y retribución. Ese no soy yo”.

Como es habitual, había una serie de invitados especiales, elegidos por su simbolismo. En el palco se encontraba una mujer de Alabama cuyos tratamientos de fecundación in vitro se interrumpieron tras una decisión de una corte estatal y otra de Texas a quien se denegó un aborto en ese estado, a pesar de que sus médicos alertaron sobre complicaciones de salud derivadas del embarazo.

Joe Biden dio el tradicional discurso del Estado de la Unión. Foto APJoe Biden dio el tradicional discurso del Estado de la Unión. Foto AP

También había familiares de víctimas del terrorismo de Hamas, el jefe del sindicato United Auto Workers y otros sindicalistas, para mostrar el apoyo del presidente a los temas laborales. Otros invitados, entre ellos un alcalde, un agente de policía y el primer ministro de Suecia, cuyo país acaba de ingresar a la OTAN, representaron una amplia gama de temas, como la condonación de la deuda estudiantil, la infraestructura, los programas de empleo y los vínculos con la alianza europea que Trump suele poner en jaque.

Dos de las invitadas, la primera dama de Ucrania, Olena Zelenska, y la viuda del opositor ruso Alexei Navalny, Yulia Navalnaya, declinaron las invitaciones de la Casa Blanca.

Como siempre, un miembro del gabinete fue nombrado como «Designated Survivor» y por seguridad no concurrió al recinto, donde está todo el poder político y la linea de sucesión del país. En este caso quien se quedó en un lugar seguro fue el ministro de Educación, Miguel Cardona.

Mientras Biden pronunciaba su discurso, Trump escribía desde su red social Truth Social y le refutaba todo. En un momento, dijo sobre el presidente: «Se ve muy enojado cuando habla, lo cual es un rasgo de las personas que saben que están «perdiendo la cabeza». ¡La ira y los gritos no ayudan a unir a nuestro país!». Por momentos, su red social colapsó.



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