la batalla por el contenido de los libros escolares en México


Los nuevos libros que el gobierno mexicano entrega para la educación escolar desataron una batalla entre el presidente izquierdista Andrés Manuel López Obrador y sus detractores, que han quemado ejemplares y llevaron el caso al máximo tribunal.

Alegando que promueven el comunismo, la homosexualidad y están plagados de fallos pedagógicos y gazapos, los críticos exigen que el gobierno se abstenga de distribuir los textos a partir de este lunes, cuando unos 25 millones de estudiantes de educación básica inician el ciclo escolar.

Es «politiquería» y reflejo de un pensamiento «conservador», responde el mandatario, que rechaza la decisión de la Suprema Corte de Justicia de frenar la entrega en los estados de Chihuahua y Coahuila (norte), gobernados por la oposición.

Una de las protestas más radicales se produjo en Chiapas (sur), estado con gran influencia religiosa, donde padres quemaron la semana pasada cajas de libros en un barrio indígena de San Cristóbal de las Casas, afirmando que «son del diablo» y enseñan «comunismo, homosexualismo y lesbianismo».




El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, habla durante una conferencia de prensa en el Palacio Nacional de la Ciudad de México (México). Foto EFE

Las quejas

Estimular la «sexualidad de nuestros hijos menores con ese tipo de ideología (…) da lugar a la pedofilia», asegura José Tomás Bermúdez, pastor evangélico de la zona donde ocurrió la quema.

Algunos ejemplos de esta «ideología» citados por sus críticos son la imagen de una pareja de mujeres abrazadas, junto a la bandera LGBTI, en la ilustración de portada de un libro de cuarto de primaria, o la inclusión de la «familia homoparental o lesbomaternal» entre los tipos existentes en un texto de primero.

El llamado al destrozo vino de figuras como Marko Cortés, presidente del principal partido opositor, el derechista PAN, en medio de la campaña para elegir a los candidatos a las presidenciales de 2024.

Cortés sostiene que los textos buscan «adoctrinar» e instó a los padres a «que los destruyan en su totalidad».

«Es muy retrógrada, es medieval, es de la inquisición destruir libros», denunció López Obrador, cuyo gobierno enmarca las guías en la «Nueva Escuela Mexicana», enfoque que propone reconocer la diversidad del país y a la comunidad como núcleo de la enseñanza.

Al menos en ocho de 32 estados las autoridades se niegan a repartir los textos. Aunque ya admitió dos amparos, el máximo tribunal, devenido en trinchera de la oposición, no ha fallado sobre el fondo del asunto.

Los libros también generaron protestas en Aguascalientes (centro), estado gobernado por el PAN, donde miles marcharon el domingo pasado aduciendo que difunden «ideologías marxistas».

A esas manifestaciones se sumó un telenoticiero nacional, que en su horario estelar manifestó que «México está en peligro» por «la educación comunista» que el gobierno busca imponer, lo que sin embargo provocó burlas en redes sociales.

Los detractores denuncian también sesgo partidario en textos para cuarto a sexto de primaria, según los cuales «la esperanza fue el alma de la campaña» que llevó al poder a López Obrador en 2018. Sus contenidos también hablan del «fraude» que el político asegura haber sufrido en 2006.

En su defensa, la secretaria de Educación, Leticia Ramírez, alega que el nuevo paradigma promueve valores como solidaridad, honestidad, respeto y justicia social.

Es «contrario a lo que se privilegió en años anteriores: el individualismo, la desvinculación de la comunidad y un conocimiento memorístico», agregó en una conferencia televisada para defender los cambios.

Sesgo ideológico

Más allá del ruido político, expertos como Irma Villalpando ven un sesgo ideológico en el proyecto educativo del actual gobierno, que concluirá en diciembre de 2024.

«Ellos dicen que antes la escuela mexicana era de corte neoliberal», resume a la AFP esta doctora en pedagogía.

Para Marx Arriaga, director de Materiales Educativos de la secretaría de Educación, el nuevo modelo se contrapone al de instituciones como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) -el llamado «club de países ricos» del que México es miembro-, al poner el acento en la «educación surgida de la comunidad, la educación popular».

Pero Villalpando teme que esta visión no se cristalice pues los maestros mexicanos -1,2 millones- no fueron capacitados y persisten problemas como la deficiente infraestructura.

«Es una reforma de papel porque el sistema educativo queda intacto», apunta la experta, quien señala varias fallas en los libros.

Desde la fecha de nacimiento equivocada de Benito Juárez, uno de los padres del México moderno, hasta tareas como la elaboración de un «pliego petitorio», con asamblea, minutas y conclusiones, para niños de primer grado (6 años).

Agencia AFP

PB

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