Los activistas del clima ponen la mira en los jets, los yates y el golf en una serie de protestas mundiales contra el lujo


Activistas climáticos han pintado con aerosol un superyate, han impedido el despegue de aviones privados y han tapado hoyos en campos de golf este verano como parte de una campaña cada vez más intensa contra los estilos de vida de los ricos que emiten gases contaminantes.

El activismo climático se ha intensificado en los últimos años conforme el planeta se calienta hasta niveles peligrosos, provocando más calor extremo, inundaciones, tormentas e incendios forestales en todo el mundo. Las tácticas se han vuelto más radicales: algunos manifestantes se han pegado con adhesivo a las carreteras, han interrumpido acontecimientos deportivos de alto nivel como el golf y el tenis e incluso han salpicado obras de arte famosas con pintura o sopa.

Ahora dirigen su atención a los ricos, después de haber apuntado durante mucho tiempo a algunas de las empresas más rentables del mundo: conglomerados de petróleo y gas, bancos y compañías de seguros que siguen invirtiendo en combustibles fósiles.

«No señalamos con el dedo a la gente, sino a su estilo de vida, a la injusticia que representa», declaró Karen Killeen, activista de Extinction Rebellion que participó en las protestas de Ibiza, España, lugar de veraneo favorito de los ricos. Killeen explicó que el grupo protesta contra las emisiones innecesarias, como el hecho de que los superricos vayan a recoger una pizza en barco.




Agentes de policía retiran a un activista del grupo de protesta Extinction Rebellion, durante una manifestación en la Haya. Foto EFE

«En una situación de emergencia climática, es una atrocidad», afirmó.

Superyate

Killeen y otros miembros del grupo activista Futuro Vegetal pintaron con aerosol un superyate de 300 millones de dólares propiedad de Nancy Walton Laurie, heredera de Walmart. Los manifestantes mostraron un cartel que decía: «Tú consumes, otros sufren».

En Suiza, un centenar de activistas interrumpieron en Ginebra la mayor feria europea de venta de jets privados al encadenarse a las escalerillas de los aviones y a la entrada de la exposición. En Alemania, el grupo ecologista Letzte Generation (Última Generación) pintó con aerosol un avión privado en la isla turística de Sylt, en el Mar del Norte.

En España, unos activistas taponaron hoyos en campos de golf para protestar por la gran cantidad de agua que necesita ese deporte en épocas de sequía.

En Estados Unidos, Abigail Disney, sobrina nieta de Walt Disney, fue detenida en julio en el aeropuerto de East Hampton Town (Nueva York) junto con otros 13 manifestantes por bloquear la entrada o salida de autos de un estacionamiento. Fue la primera de hasta ocho acciones llevadas a cabo en la exclusiva zona de los Hamptons.

Los activistas también irrumpieron en un campo de golf, interrumpieron un evento en un museo y se manifestaron ante algunas casas privadas de lujo.

«En este momento, las prácticas de lujo contribuyen de forma desproporcionada a la crisis climática», dijo Dana Fisher, cientista social de la Universidad de Maryland. Según un informe de 2021 de la organización sin fines de lucro Oxfam, si todas las emisiones que calientan el planeta se atribuyeran a las personas que las producen, el 1% más rico sería responsable de alrededor del 16% de las emisiones en 2030.

Manifiestan frente a un superyate perteneciente a la heredera de Walmart, Nancy Walton Laurie, después de pintarlo con spray en Ibiza. Foto AP


Manifiestan frente a un superyate perteneciente a la heredera de Walmart, Nancy Walton Laurie, después de pintarlo con spray en Ibiza. Foto AP

«Es muy lógico que estos activistas denuncien ese comportamiento tóxico».

Richard Wilk, antropólogo económico de la Universidad de Indiana, afirmó que los viajes de lujo son «los verdaderos culpables» de las emisiones de los ultra ricos.

Publicó estimaciones de las emisiones anuales de los multimillonarios más importantes en 2021 y descubrió que un superyate -con tripulación permanente, helipuerto, submarinos y piscinas- emite unas 7.020 toneladas de dióxido de carbono por año, más de 1.500 veces más que un auto familiar típico.

Y sólo en Europa, los aviones privados provocaron el año pasado más de 3 millones de toneladas de contaminación por carbono, equivalentes al promedio anual de emisiones de CO2 de más de medio millón de residentes en la UE, según la organización sin fines de lucro Greenpeace.

Pero Michael Mann, científico del clima de la Universidad Estatal de Pensilvania, advirtió que desviar la atención de las empresas de combustibles fósiles -responsables de al menos el 70% de todas las emisiones- hacia los ricos podría ser «hacerle el juego a la industria de los combustibles fósiles y a la ‘campaña de desvío’ que han utilizado para alejar la atención de la regulación haciendo más hincapié en las huellas de carbono individuales que en la huella mucho mayor de los contaminadores».

«La solución es lograr que todo el mundo utilice menos energía basada en el carbono», ya sean personas ricas o con menos ingresos, explicó.

Cómo protestar

David Gitman, presidente de Monarch Air Group, proveedor de vuelos chárter privados de Florida, animó a los activistas a analizar si han adoptado la estrategia correcta.

«Si su activismo se orienta hacia algún tipo de ayuda real a programas reales para lograr un cambio real, como el combustible de aviación sostenible, como las compensaciones por el carbono, creo que este tipo de activismo puede ayudar a lograr esos resultados», dijo Gitman. «Ahora bien, si salen y pintan con aerosol un avión privado en un aeropuerto de Europa, ¿van a conseguir esos resultados? En mi opinión, no».

Fisher, de la Universidad de Maryland, también se mostró escéptico respecto de la eficacia del activismo para cambiar el comportamiento de los ricos.

En algunos casos, los gobiernos han intervenido con normativas. Francia está tomando medidas enérgicas contra el uso de jets privados para viajes cortos y, a principios de este año, el aeropuerto holandés de Schiphol también anunció planes para prohibir los jets privados.

Pero mientras las protestas se intensifican, Fisher y Wilk afirman que de todos modos podrían mover la aguja hacia un cambio de comportamiento.

«La vergüenza pública es una de las formas más poderosas de controlar a la gente», dijo Wilk. «Actúa de muchas formas distintas para avergonzar a la gente, para hacerla más consciente de las consecuencias de sus actos».

Agencia AP

PB

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