Mitos y verdades del combate de San Lorenzo


Lo distintas que hubieran sido nuestras infancias y nuestros entusiasmos patrióticos si antes de enseñarnos de memoria la bella Marcha de San Lorenzo nos hubieran explicado por qué se libró aquel combate, qué intereses estaban en juego o, aunque sea, qué quería decir “Febo”.

Nos tendrían que haber dicho que las fuerzas españolas de Montevideo se autoproclamaban como las continuadoras del Virreinato del Río de la Plata y llevaban adelante una férrea resistencia contra el gobierno de Buenos Aires, al que obviamente se negaban a reconocer, y constituían un peligro para la continuidad de la Revolución.

Nos podrían haber enseñado que aquel corajudo regimiento compuesto por gauchos, indios y mulatos estaba dispuesto a todo y que tenían plena conciencia, gracias a las arengas de su jefe, de lo que estaba en juego en sus acciones contra los saqueadores y asesinos que nos atacaban.

Que San Martín arengaba vehementemente a sus hombres, recordándoles por qué luchaban y qué pensaba el enemigo de nosotros los americanos.

Los hombres que combatirían en San Lorenzo eran unos 150 granaderos de elite que el propio San Martín había seleccionado por sus condiciones de combate, los que marchaban hacia las costas del Paraná para hacer frente a esa amenaza, en el ardiente verano de 1813.

San Martín, que esperaba ansioso la oportunidad de entrar en combate, destinó vigías que, desde tierra, siguiesen los movimientos de los buques españoles y, gracias a ese trabajo de inteligencia, esperó el desembarco cerca de la posta de San Lorenzo, estableciendo su cuartel en el convento de San Carlos.

Una de las escenas más instaladas en el inconsciente colectivo de la historia argentina: el momento en el que Cabral y Baigorria salvan a San Martín, en el Combate de San Lorenzo. / Archivo ClarínUna de las escenas más instaladas en el inconsciente colectivo de la historia argentina: el momento en el que Cabral y Baigorria salvan a San Martín, en el Combate de San Lorenzo. / Archivo Clarín

Sus espías trabajaban intensamente y gracias a ellos pudo saber con precisión que el jefe español Zabala venía navegando por las aguas del Guazú desde el 17 de enero con una escuadrilla de once barcos muy bien artillados, con unos 300 hombres entre las tropas de desembarco y la marinería.

Como nos hicieron cantar de chicos, cuando Febo asomó el 3 de febrero de 1813, unos 250 realistas, apoyados por 11 naves con su respectiva artillería, desembarcaron para dedicarse a saquear. Pero esta vez la población no estaba indefensa, y el ataque envolvente ordenado por San Martín los obligó a reembarcarse.

El violento combate de apenas quince minutos de duración dejó, entre los patriotas, 16 muertos y 27 heridos. Entre las bajas fatales, se encontraban Juan Bautista Cabral, muerto en el combate, y Justo Germán Bermúdez, muerto por hemorragia al día siguiente.

Ellos, junto al bravo puntano sobreviviente, Juan Bautista Baigorria, pudieron salvar la vida de su jefe, cuando en medio del combate su caballo bayo (1) (no blanco, por cierto) cayó herido y le aprisionó la pierna.

La carta de San Martín

El lenguaje y el contenido del pedido de San Martín, en el que vuelve a recordar a los héroes de la jornada, no son los habituales en un parte de guerra y hablan de su profundo humanismo:

Recreación del combate de San Lorenzo al cumplirse un aniversario. / Archivo ClarínRecreación del combate de San Lorenzo al cumplirse un aniversario. / Archivo Clarín

“Como sé la satisfacción que tendrá V.E. en recompensar a las familias de los individuos del regimiento, muertos en la acción de San Lorenzo, o de sus reclutas, tengo el honor de incluir a V.E. la adjunta relación de su número, país de nacimiento, y estado.

No puedo prescindir de recomendar particularmente a V.E., a la viuda del capitán Justo Bermúdez, que ha quedado desamparada con una criatura de pecho, como también a la familia del granadero Juan Bautista Cabral, natural de Corrientes que, atravesado con dos heridas, no se le oyeron otros ayes que los de ‘Viva la patria, ¡muero contento por haber batido a los enemigos!’.” (2)

Como se ve, el jefe vencedor no les dejaba muchas alternativas a las autoridades porteñas y su pedido tuvo una respuesta favorable por parte del Triunvirato.

1. De una tonalidad similar al beige.

2. Otero, op. cit., tomo 1, pág. 208.

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