Para liberar los poderes de la mente


Una madrugada en la década del 90, el artista, músico y escritor transgénero británica Genesis P-Orridge (Manchester, 1950) despertó dentro de un calabozo. No estaba en prisión, sino en el departamento neoyorquino de Terrence Sellers, una amiga que financiaba su carrera literaria alojando al credo sadomasoquista de la ciudad. P-Orridge dormía en el suelo, en posición fetal, cuando vio moverse una sombra longilínea. La mujer llevaba el pelo corto y un vestido de los 60, que se quitó pronto, y un látigo en la mano. Genesis, que estaba perdido después de ver fracasar su matrimonio y ser perseguido en su país, vio en esa escena su última obra de arte: una historia de amor total, con la cual coronar su pasión por la destrucción de la vida moderna y sus convenciones. Meses más tarde se casaron. La dominatrix, llamada Lady Jaye, llevaba botas y chaleco de cuero como un Hell Angel. Genesis iba vestido de novia. Buscaban disolverse en una entidad nueva.

Lady Jaye y Genesis Breyer P-Orridge.Lady Jaye y Genesis Breyer P-Orridge.

Que no estuviera preso no significaba que no fuera un reo. Genesis P-Orridge había escapado de Gran Bretaña luego de que Scotland Yard allanara su casa de campo cerca de Brighton. Era el final de una persecución de larga data: P-Orridge venía escandalizando a la escrupulosa sociedad inglesa al menos desde 1976, cuando montó una retrospectiva pornográfica en el Instituto de Arte Contemporáneo de Londres, a solo metros del Palacio de Buckingham. La llamó Prostitution, y aunque debía ser el réquiem de su grupo de performance y teatro COUM Transmissions, se convirtió en su salto a la fama y su gran obra de media art.

Había una escultura hecha de tampones, fotos tomadas por el público y un largo registro de la trayectoria de Cosey Fanni Tutti como stripper y modelo de revistas porno. Genesis y Cosey se habían conocido y enamorado en una noche de ácido en la Universidad de Hull, y trabajaban juntos desde entonces.

COUM fue el vehículo para que Genesis llevara al extremo su interés por la desestabilización de la conciencia y el pensamiento convencional. “Toma los medios de percepción y cambia la realidad”, era su lema. Incluyó desde intervenciones dadá en los espacios públicos de Hull hasta sesiones de autoflagelación escénica y chamánica, en las que Genesis se sumía en estados alterados. Tras las pistas de los escritos y pinturas ocultistas de Austin Osman Spare, a quien P-Orridge tomó como principal guía junto a los escritores William S. Burroughs y Brion Gysin, COUM buscó abrir un agujero en la realidad, por el que se coló el ser que suplió a la persona que nació bajo el nombre Neil Megson en Manchester, en 1950.

La génesis

Después de algunos episodios de mala salud que leyó como proféticos, Megson se transformó en Genesis P-Orridge. Había concluido una niñez marcada por las mudanzas, el acoso escolar y la rigidez del sistema de clases británico. Era 1969 y Megson vivía en comunidad en The Exploding Galaxy, un grupo de desertores sociales que hubiera soñado nacer en la San Francisco del Verano del Amor. A diferencia del frustrado estudiante que fue Neil, Genesis sería su propio lienzo. “¿Por qué no podía haber seres vivos que fueran obras de arte?”, escribió en No Binarix, sus memorias ahora traducidas por Caja Negra. “Quería ser un personaje hiperreal, y ver qué sucedía si, de modo consciente, inyectabas un nuevo ser o una nueva creación –un ser humano– en la mezcla cultural”.

Si algo se volvía repetitivo o previsible había que cambiarlo, el enemigo era la costumbre. The Exploding Galaxy hizo del cuestionamiento una disciplina: nunca dormían en el mismo lugar, comían a deshoras y cada miembro tenía derecho a preguntarle a otro, sin mediar permiso, por qué se había peinado igual que ayer o por qué estaba ahí. Era una conducta que pocos podían soportar, pero a la que Genesis adhirió y llevó consigo para siempre. “Es una de las dos cosas –junto a los cut-ups– que realmente consolidaron mi dirección hasta el día de hoy”, se lee en sus memorias, escritas sobre el final de su vida, cuando la leucemia ya era irreversible.

El principio del cut-up de Burroughs fue la piedra basal de Throbbing Gristle, la banda antimusical que nació de las cenizas de COUM y que inauguró una nueva psicodelia, el rock industrial. Para P-Orridge, el cut-up no era solo una técnica literaria, sino un método para desentrañar la realidad, destrabar el lenguaje y cortocircuitar el control. Desmembrar lo dado y reordenar sus piezas revela sentidos y desata lo nuevo.

Throbbing Gristle se propuso dinamitar el rock & roll en una emulación terrorista de la Factory de Andy Warhol y The Velvet Underground. La apuesta fue radical: Genesis y Cosey tomaron bajo y guitarra, instrumentos que nunca habían tocado, Peter Sleazy Christopherson disparaba grabaciones incidentales con un sistema integrado de walkmans y Chris Carter construyó su propio sintetizador modular.

“Había una cita clásica sobre el punk: ‘aprende tres acordes y forma una banda’”, recuerda P-Orridge sobre aquel 1976 cuando emergieron los Sex Pistols y más. “Pero yo pensé: ‘¿para qué aprender ningún acorde?’. Esa era la diferencia. En cuanto aprendés acordes, te rindes a la tradición. No tratábamos de complacer a nadie excepto a nosotros mismos, y si nosotros mismos estábamos confundidos, aún mejor”.

Túnel de sonido

El impacto de Throbbing Gristle fue intenso e instantáneo. Con su “trash postpsicodélico” y su propio sello discográfico, Industrial Records, hizo la revolución que el punk apenas pudo enunciar. Tras los pasos de John Cage y Karlheinz Stockhausen, P-Orridge exploró los efectos perceptivos y físicos de las frecuencias, la distorsión, el volumen extremo y el sampling.

The Second Annual Report, el debut de TG lanzando en 1977, se grabó en una casetera TDK y un micrófono condensador, provistos por Burroughs. Al final de su vida, Genesis seguía valorando el poder low-fi del LP que quebró el lenguaje de su época con tecnología precaria e ideas que inquietaban al público. “Queríamos ver qué podíamos hacer para utilizar instrumentos y herramientas y artefactos bastante baratos o singulares”, escribe P-Orridge, “de una manera que subvirtiera su propósito original, el cual era, por supuesto, el control”.

Lady Jaye y Genesis Breyer P-Orridge.Lady Jaye y Genesis Breyer P-Orridge.

El objetivo era matar a la música (aunque también cayeran los ídolos de Genesis, Frank Sinatra, Brian Jones y la Incredible String Band) y crear una expresión más rica de la experiencia en la sociedad posindustrial. Al inicio de No Binarix, P-Orridge evoca los recuerdos de las vías férreas abandonadas y el paisaje fabril en desguace de su juventud en Manchester y Birmingham.

A fines de los 70, bajo el gobierno de Margaret Thatcher, esas visiones eran comunes a todo el archipiélago y la música industrial fue abrazada por la crítica como la verdadera banda sonora de la época. En 1978, el éxito radial Weeping, un single que contenía la típica crudeza lírica de P-Orridge, marcó un límite.

La aceptación y el cansancio se combinaron para que P-Orridge buscara el final: un intento de suicidio en escena con whisky, mogadon y valium que fue la muerte simbólica para la madre atómica de toda la música que desde entonces intenta captar el aturdimiento del mundo mediante la sobrecarga sensorial multimedia.

Un futuro pandrógino

Después del asomo a la notoriedad, P-Orridge necesitó restituirse debajo de la superficie. Retomó la indagación en los estados alterados y el ocultismo primero en privado y luego en una sociedad secreta, surgida de la combinación por querer compartir rituales y por su afición por el arte postal.

El Templo de la Juventud Psíquika fue esa red, que llegó a los diez mil miembros en todo el mundo y por la que circulaban distintos documentos y escritos que fueron reunidos luego en La Biblia Psíquika (Caja Negra, 2020).

Para P-Orridge el vínculo entre “la vida cotidiana y la labor mágika” podía sabotear el control: “Yo consideraba al ritual mágiko como un cut-up de la conducta”. Por eso se refería a la Juventud Psíquika como una guerrilla, aunque sus acciones fueran sobre la propia conciencia. Un malentendido sobre sus actividades lo acorraló a fines de los 80, cuando ya era padre de dos niñas y seguía haciendo música con su segunda banda, Psychic TV.

La redada lo encontró en el Himalaya. Genesis y su familia estaban en Nepal cuando la policía británica confiscó sus propiedades y su archivo. No volvería a Inglaterra por años. Separado de Paula Brooking, se afincó con sus hijas en California, donde tendió redes con la vieja guardia psicodélica y acuñó su siguiente transformación.

La relación con Lady Jaye fue una supernova. La intensidad del vínculo reordenó su pasado y proyectó su futuro. Casi veinte años menor, Jaye descubrió una área desconocida en P-Orridge. Inseparables, ella se sumó a Psychic TV y alimentó una nueva exploración mental, esta vez por medio del sexo y el extrañamiento del cuerpo.

Juntos idearon y practicaron la pandroginia, un nuevo modelo de idilio en el que se cumpliría la fantasía de fundir a los amantes en una tercera entidad indivisible. La radicalidad de la búsqueda se refleja en el documental de The ballad of Genesis y Lady Jaye (Marie Losier, 2011), e incluyó una serie de cirugías estéticas para parecerse cada vez más entre sí. Fue el proyecto total, donde vida y arte se unían en un sueño que comprometía a toda la humanidad: la pandroginia como plan de evolución hacia una especie liberada de los binarismos.

Luego de la muerte de Lady Jaye en 2007, Genesis siguió usando el plural para nombrarse hasta su fallecimiento en 2020. “Solíamos pensar que éramos existencialistas románticxs”, concluye hacia el final de No Binarix. “Pero luego de toda la evidencia increíble de la que hemos sido testigos, tuvimos que ajustar nuestra percepción. Ahora estamos felices de ser idealistas utópicxs compasivxs”.

No Binarix. Memorias, de Genesis P-Orridge (Caja negra) y La Biblia Psíquika, de Genesis P-Orridge (Caja negra).

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