un golpe para toda la clase política, sin nada para celebrar


Hace poco más de un año y un mes, este mismo espacio de análisis se titulaba: “Chile sigue siendo un país moderado”. En aquella oportunidad, una aplastante mayoría pulverizó un proyecto de nueva constitución refundacional escrito por los sectores de más a la izquierda del país.

Hoy, cerca de trece millones de chileno han vuelto a votar. Esta vez por un proyecto redactado mayoritariamente por el partido Republicano, que se instaló a la extrema derecha de todo el espectro político existente y lideró una regresión conservadora tras ese resultado.

Y los chilenos, que siguen siendo moderados, respondieron fuerte y claro: este texto tampoco.

Hoy en Chile nadie en la clase política puede celebrar. No lo puede hacer la derecha tradicional, entregada a los sectores más conservadores de manera irreflexiva, como tampoco lo puede hacer el gobierno y la izquierda, que se vieron forzados a llamar a votar en Contra y defender, indirectamente, la vigencia de la Constitución de Pinochet de 1980, esa que con tanta fuerza intentaron cambiar.

Un texto que, dicho sea de paso, ha sido validado indirectamente dos veces en los dos procesos electorales de mayor votación en la historia de Chile.

Es que al otro lado de la cordillera ganó el hastío. Después de cuatro años desde el “Estallido Social”, el país no ha avanzado en ninguno de los problemas denunciados. La discusión constitucional se tomó la agenda, mientras la crisis educacional, en salud y –sobretodo- de seguridad pública se hacía cada vez más palpable para millones de chileno.

En estos años, poco se avanzó en materias sociales en el Congreso y se transformó a la Constitución en una suerte de quimera. Mientras, paralelamente, la ciudadanía expresaba una y otra vez una preferencia por la política de acuerdos amplios que solucionaran las urgencias del país.

El conteo de votos del plebiscito constitucional, en Santiago (Chile). Foto EFE

Hubo, en el medio, un momento de esperanza. Este segundo proceso tuvo una comisión de expertos, nominada por los partidos, que operó como primera “Cámara” de este proceso bicameral. Ese texto inicial, conocido como “el borrador de los expertos” si logró acuerdos. Incluso en su momento, desde el presidente Gabriel Boric a la más posible abanderada de la derecha tradicional en la próxima presidencial, Evelyn Matthei, manifestaron su apoyo al texto consensuado.

Sin embargo, la gran mayoría conservadora en el Consejo Constitucional electo desfiguró ese borrador. Nuevamente la política se fue a las trincheras y muchos llamaron a transformar este plebiscito en una suerte de puja política sobre el gobierno central. Ya está claro que ese mensaje poco caló en la ciudadanía promedio.

Las personas votaron por el texto, por un rechazo a estos cuatros años, por cansancio o por hastío. Los electores votaron con impotencia, desconfianza e incertidumbre. Este fue un nuevo plebiscito emocional, que sirve como termómetro del país. Vaya a saber el destino si esta vez los políticos si lo entenderán.

El futuro para Chile ahora no es claro. Todos han dicho que no se volverá a impulsar un proceso constitucional, pero está por verse. Es genuino que la ciudadanía sienta desconfianza si, tras casi quemarse el país aquel octubre y noviembre de 2019, poca y nada ha cambiado en el diagnóstico acordado: mejorar las condiciones de vida de quienes están en desventaja por la falta de oportunidades.

El presidente Chile, Gabriel Boric, votando en la jornada del plebiscito constitucional. Foto EFEEl presidente Chile, Gabriel Boric, votando en la jornada del plebiscito constitucional. Foto EFE

Quedan dos años del gobierno de Boric. Sin mayoría legislativa y sin programa de gobierno que genere arraigo social, la clase política derrotada tendrá una oportunidad: hablarle a ese mundo moderado, que quiere acuerdos y ha propinado dos enormes derrotas a todos sin distinción. De lo contrario, el hastío, cansancio y malestar sólo va a aumentar.

No se puede concluir este espacio sin mencionar que para la posteridad quedará la farra histórica de la generación de izquierda que irrumpió en las calles y conquistó el poder en menos de una década. Una ventana de oportunidad de instalar un proyecto país como nunca antes en su historia. Del proyecto refundacional original, poco y nada queda. Hoy en la sede del partido socialista, los dirigentes oficialistas celebraban con champañas y banderas que en Chile seguirá rigiendo una constitución a la que llamaban “la Constitución del general”.



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